Muchas veces Camille estaba sola, a excepción de los enormes gatos de cerámica de su madre. Su madre era una gran amante de los gatos de cerámica en particular y de los mininos en general. Los Blind no eran una familia al uso. La señora Blind llevaba un pequeño hostal en la línea de la costa de Ramsgate, al sur de Inglaterra. Daba tan pocas ganancias que, de no haber sido por la deliciosa cafetería del piso inferior, se habría ido a pique hace ya mucho tiempo.
Sus vecinos se referían a ellas como la rara, la enferma y la mona. Hacía ya tiempo que a Angie le habían quitado los aparatos y ahora llevaba lentillas (como si a una se la pudiera llamar rara únicamente por eso), Callit había superado el cáncer dos años atrás y Okey ya era lo suficientemente mayor como para permitir que la vistiesen con vestidos rosas y lacitos, pero los prejuicios de las personas son inamovibles.
Del padre no se hablaba nunca. Se había marchado mucho tiempo atrás, cuando las chicas Blind aun vivían en Birmingham, y pronunciar su nombre era sinónimo de malas caras y bufidos de gato.
Realmente, la familia Blind no era una familia al uso.
Corazón de mariposa
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